domingo, 13 de enero de 2013

ciudad fragmentada


del colapso de la circulación viaria santiaguina...

Unos días antes de que el cambio de ciclo se produjera, según el calendario maya, ocurrió en Santiago un fenómeno meteorológico que no ayudó a apaciguar las profecías entorno al catastrófico fin del mundo. Y es que el miércoles 19 de diciembre de 2012 amanecimos bajo unas oscuras nubes bajas que ocultaban los cerros urbanos y la vista de la cordillera de los Andes, cambiantes siempre. La lluvia empezó y no paró en todo el día, sin prisa pero sin pausa, las siete se acercaban y en el trabajo nadie sabía cómo volvería a casa.

Ese día, previo a las fiestas consumistas navideñas, muchos fueron los que optaron por acercarse a los grandes “malls”, a pesar de las precipitaciones. Los santiaguinos están acostumbrados a los atascos, aquí llamados “tacos”. Pero el taco del 19 no fue como uno cualquiera… Según los periódicos, hubo gente que llegó a sus hogares a las 0:00 de la noche. La ciudad se paralizó y la lluvia no cesaba.

Explico todo esto como excusa para hablar sobre el tema del transporte, desde mi perspectiva como ciudadana y arquitecta. La ciudad cuenta con metro y bus. A pesar de eso, el sistema de metro solo alcanza, más o menos, una décima parte de la ciudad.  Vivir en un departamento cerca de éste medio de transporte es uno de los motivos de la subida del arriendo, ya que pocas son las zonas que cuentan con éste privilegio.  Son muchos los que lo utilizan: funciona muy bien, los convoys son rápidos y hay una alta frecuencia. El sistema de autobuses si que abarca toda la ciudad, pero en las horas punta no son nada rápidos puesto que tienen que manejarse entre los tacos, suelen ser muy lentos, incómodos y calurosos.

La mejor opción  para muchos ciudadanos, debido a la escasez de facilidades a nivel urbano, es la del auto, aceptando las horas perdidas en las largas colas y la necesidad de levantarse dos horas antes para llegar puntual al trabajo. Y es que no existe un punto de vista colectivo que contemple la relación entre comunas, ni planes que como objetivo contemplen la mejora de las conexiones entres estas. El colapso del 19 de Diciembre, demostró la necesidad de pensar en un plan a escala urbana entendiendo la ciudad como una unidad y no como un conjunto de fragmentos autónomos. 

MM

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